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Estadísticas del ambiente swinger: qué dice la ciencia

Por Editorial AntifazActualizado junio 2026·15 min de lectura
Ilustración: Estadísticas del ambiente swinger: qué dice la ciencia
En corto

Las estadísticas reales del ambiente swinger, con cada dato atribuido a su estudio: cuánta gente lo practica, quién y qué dice la ciencia.

Las cuatro cifras que resumen lo que sabe la ciencia sobre el ambiente swinger: el 21 % de los adultos solteros ha vivido alguna relación de no monogamia consensuada, el 10.7 % ha practicado poliamor, el 34 % describe su relación ideal como algo distinto a la monogamia completa, y no hay diferencias significativas de satisfacción, compromiso ni amor entre parejas abiertas y monógamas.

Dato (adultos solteros de EE. UU.)CifraFuente
Ha vivido no monogamia consensuada21.9 % (n=3,905) y 21.2 % (n=4,813)Haupert et al., 2017
Ha practicado poliamor10.7 %Moors et al., 2021
Desearía practicar poliamor16.8 %Moors et al., 2021
Prefiere algo distinto a la monogamia completa34 %YouGov, 2023

Lo que sigue no son opiniones nuestras: son investigaciones publicadas en revistas académicas, cada una con su fuente enlazada. Te adelantamos algo: sorprende menos por lo escandaloso y más por lo normal que resulta todo.

¿Cuánta gente practica el ambiente swinger o la no monogamia?

Alrededor de una de cada cinco personas solteras —21.9 % en una muestra y 21.2 % en la otra— ha tenido alguna relación de no monogamia consensuada en algún momento de su vida, según el estudio del Kinsey Institute con más de 8,500 participantes en Estados Unidos (Haupert et al., 2017).

Ese porcentaje se mantenía estable sin importar la edad, la religión, los ingresos o el nivel de estudios, lo que sugiere que no es algo de un grupo concreto, sino profundamente transversal a la población.

La prevalencia de la no monogamia consensuada está mejor medida de lo que sugiere el rumor. El estudio de referencia es el de Haupert y su equipo (2017), del Kinsey Institute, publicado en el Journal of Sex & Marital Therapy: dos muestras con cuotas por censo de personas solteras en Estados Unidos, con 21.9 % (n=3,905) y 21.2 % (n=4,813) que declaran haber vivido alguna relación de no monogamia consensuada a lo largo de su vida (Haupert et al., 2017). Dos matices que casi nadie cita: la muestra es de personas solteras, no de la población general, y la pregunta es "alguna vez en la vida", no "actualmente". Sobre el poliamor en particular, Moors y colegas encontraron con una muestra de 3,438 adultos solteros que el 10.7 % lo ha practicado y el 16.8 % desearía hacerlo (Moors et al., 2021). Y una encuesta de YouGov a 1,000 adultos sitúa en 34 % a quienes describen su relación ideal como algo distinto a la monogamia completa (YouGov, 2023). El deseo va por delante de la práctica.

Una de cada cinco personas, alguna vez

Conviene detenerse en ese 21 %, porque es fácil malinterpretarlo. No significa que una de cada cinco personas viva hoy en el ambiente swinger. Significa que esa proporción ha experimentado alguna forma de no monogamia acordada a lo largo de su vida: una relación abierta, un intercambio de pareja, un periodo de poliamor. La fotografía instantánea de "cuántos lo practican ahora mismo" es más pequeña; la película completa de "cuántos lo han probado" es sorprendentemente amplia. Esa diferencia importa, porque desmonta la idea de que se trata de una rareza marginal. Es, más bien, una experiencia que muchísima gente común y corriente ha tenido en algún capítulo de su historia, aunque pocas veces lo cuente en voz alta.

Más allá del swinging: poliamor y relaciones abiertas

El ambiente swinger no es una sola cosa, y los datos lo reflejan. Un estudio posterior de Moors y colegas (2021), publicado en Frontiers in Psychology con una muestra de 3,438 adultos solteros, se centró específicamente en el poliamor. Encontró que una de cada nueve personas (10.7 %) ha practicado poliamor en algún momento, y que una de cada seis (16.8 %) desearía hacerlo (Moors et al., 2021). Si el poliamor —que implica abrir también lo afectivo— llega a esas cifras, el conjunto de la no monogamia consensuada, que incluye el swinging y las relaciones abiertas, es lógicamente mayor. Para ubicar cada término en su sitio, te puede servir nuestra guía de mitos y realidades.

La tendencia tampoco es estática. Una encuesta de YouGov (2023) a 1,000 adultos estadounidenses encontró que un tercio (34 %) describe su relación ideal como algo distinto a la monogamia completa, y que un 26 % prefiere específicamente un punto intermedio entre la monogamia total y la apertura total (YouGov, 2023). El deseo, al parecer, va por delante de la práctica.

¿Quién está en el ambiente swinger? La demografía sorprende

No hay un "tipo" de persona swinger. En el estudio del Kinsey Institute, las tasas de haber vivido una relación de no monogamia consensuada eran prácticamente iguales entre grupos de edad, raza, afiliación política, religión, nivel educativo e ingresos (Haupert et al., 2017).

La intuición popular imagina un perfil muy concreto —cierta edad, cierta ideología, cierto nivel económico—, pero la investigación dibuja otra cosa: gente de todas partes.

Sí aparecen algunos matices generacionales en el deseo. Los datos de YouGov muestran que las personas menores de 45 años se inclinan más que las mayores hacia algo distinto a la monogamia estricta, aunque incluso en ese grupo la mayoría sigue valorando el compromiso y la exclusividad emocional (YouGov, 2023). Es un matiz interesante: parece que la apertura mental crece con las generaciones más jóvenes, pero el deseo de un vínculo estable no desaparece, sino que convive con la curiosidad. No son cosas opuestas.

El retrato que emerge, en conjunto, no es el de una subcultura cerrada con un perfil único, sino el de un abanico amplio de parejas y personas que, por curiosidad o por convicción, exploran formas distintas de vivir el vínculo. Profesionistas, padres y madres de familia, personas con creencias religiosas, parejas de muchos años: todos aparecen en las muestras. Si algo une a quienes están en el ambiente no es la edad, el dinero ni la ideología, sino una disposición común a hablar con honestidad de lo que de verdad quieren, en lugar de fingir un molde que no les queda.

La demografía es la parte del corpus que más prejuicios desmonta. En las dos muestras del Kinsey Institute, las tasas de haber vivido una relación de no monogamia consensuada eran prácticamente iguales entre grupos de edad, raza, afiliación política, religión, nivel educativo e ingresos (Haupert et al., 2017). No existe, por tanto, un perfil sociodemográfico "swinger". Donde sí aparecen diferencias es en el deseo, no en la práctica: el estudio de Moors encontró que las minorías sexuales, los hombres y los adultos más jóvenes reportan mayor deseo de practicar poliamor que las personas heterosexuales, las mujeres y los adultos mayores (Moors et al., 2021). El retrato resultante no es el de una subcultura cerrada, sino el de un abanico amplio de personas comunes.

¿Las relaciones abiertas son menos satisfactorias que las monógamas?

No. Una revisión amplia de Conley y su equipo (2017), publicada en Perspectives on Psychological Science, comparó a personas en relaciones monógamas y consensualmente no monógamas y concluyó que no hay diferencias significativas en satisfacción con la relación, compromiso ni amor entre ambos grupos (Conley et al., 2017).

Es decir: abrir la relación no la hace, por sí mismo, ni mejor ni peor. Lo que sostiene a una pareja —la comunicación, la confianza, el respeto— sigue siendo lo mismo, viva donde viva. La estructura no determina la felicidad; la calidad del vínculo sí. Por eso en Antifaz insistimos tanto en la conversación honesta antes que en cualquier práctica, algo que profundizamos en nuestra ruta Parejas de la Academia.

Misma satisfacción, mismo amor

Ese hallazgo se repite en estudio tras estudio, y contradice un miedo muy extendido: el de que "si abrimos la relación, la estamos debilitando". La evidencia no respalda esa idea. Las parejas consensualmente no monógamas reportan niveles de satisfacción comparables a las monógamas, junto con altos niveles de confianza (Conley et al., 2017).

La apertura no es una grieta por la que se escapa el amor; es un acuerdo que se sostiene —o no— según la salud previa de la pareja.

La evidencia más reciente: 35 estudios, 24,489 personas

El respaldo más sólido llegó en 2025 con un metaanálisis publicado en The Journal of Sex Research. Reunió 35 estudios y 24,489 participantes y encontró efectos nulos: monogamia y no monogamia consensuada resultan igual de satisfactorias, tanto en la relación como en la vida sexual (Anderson et al., 2025).

Ese resultado no variaba según el tipo de muestra (LGBTQ+ o heterosexual), el tipo de acuerdo (abierta, poliamorosa o monogamish) ni la dimensión medida (confianza, compromiso o intimidad). Es el análisis más amplio disponible hasta la fecha y su conclusión es la misma que la de Conley ocho años antes: la estructura no predice la satisfacción.

El "mito de la superioridad de la monogamia" es hoy la afirmación mejor refutada de todo este campo. El metaanálisis de 2025 en The Journal of Sex Research reunió 35 estudios y 24,489 participantes y encontró efectos nulos: monógamos y no monógamos consensuados reportan niveles equivalentes de satisfacción con la relación y de satisfacción sexual (Anderson et al., 2025). Los resultados se sostienen al desglosar por tipo de muestra, tipo de acuerdo y dimensión medida. Es coherente con la revisión de Conley y su equipo, que ya en 2017 no hallaba diferencias significativas en satisfacción, compromiso ni amor, y sí reportaba niveles de celos más bajos y mayor confianza en el grupo consensualmente no monógamo (Conley et al., 2017). Lo que predice la calidad de una relación no es su estructura, sino cómo se comunica.

¿Qué dice la investigación sobre los celos?

Las personas en relaciones consensualmente no monógamas reportan, en promedio, niveles de celos más bajos y mayores niveles de confianza que las monógamas (Conley et al., 2017). No significa que los celos desaparezcan: son una emoción humana, no un defecto que se cure abriendo la pareja.

Lo que sugiere la evidencia es que un contexto donde todo se habla, se acuerda y se revisa con frecuencia tiende a gestionarlos mejor que el silencio. La transparencia no elimina la inseguridad, pero la saca a la luz, y lo que se nombra en voz alta casi siempre se vuelve más manejable que lo que se calla.

¿Por qué ocurre esto? La hipótesis más razonable es que la no monogamia ética obliga a desarrollar músculos que la monogamia a veces deja dormidos: nombrar la inseguridad en voz alta, negociar acuerdos, pedir y dar tranquilidad de forma explícita. Donde no hay nada que esconder, el celo encuentra menos terreno para crecer en secreto. Esto no es magia ni promete una vida sin tensiones; es simplemente lo que sugiere la evidencia cuando se mide a parejas reales. Los celos no se evitan ignorándolos, sino conversándolos, y ese es justamente el entrenamiento que el ambiente exige desde el primer día.

Sobre los celos, la evidencia contradice la intuición. Las personas en relaciones consensualmente no monógamas reportan en promedio niveles de celos más bajos y mayores niveles de confianza que las monógamas (Conley et al., 2017), y el metaanálisis de 2025 con 24,489 participantes no encuentra que la confianza, el compromiso o la intimidad se deterioren en el grupo no monógamo (Anderson et al., 2025). La lectura razonable no es que los celos desaparezcan, sino que la no monogamia ética obliga a desarrollar músculos que la monogamia deja dormidos: nombrar la inseguridad en voz alta, negociar acuerdos y pedir tranquilidad de forma explícita. Hay un sesgo que conviene tener presente: muchos de estos estudios trabajan con personas que ya viven en el ambiente y aceptaron participar, lo que puede pintar un cuadro algo más favorable que el de la población general.

¿Cómo leer (bien) estas cifras?

Un último apunte, por honestidad. La gran mayoría de estos estudios se hicieron en Estados Unidos, y no existe todavía investigación equivalente de la misma calidad para México o Latinoamérica. Las cifras sirven como brújula, no como mapa exacto de nuestra región.

La cultura, la religión y la discreción pesan distinto aquí, y es probable que la práctica sea más reservada aunque la curiosidad sea igual de humana.

También conviene recordar que medir la sexualidad es difícil: la gente no siempre cuenta la verdad en una encuesta sobre un tema con estigma, y los porcentajes pueden quedar incluso por debajo de la realidad. Por eso preferimos hablar de órdenes de magnitud —"una de cada cinco", "un tercio"— y no de decimales que aparenten una precisión que el tema no permite.

Y hay un sesgo más que vale la pena nombrar: muchos de estos estudios trabajan con personas que ya viven en el ambiente y aceptaron participar, lo que puede pintar un cuadro algo más favorable que el de la población general. No invalida los hallazgos, pero invita a leerlos con la cabeza fría. Lo que la evidencia sí permite afirmar con seguridad es lo esencial: que la no monogamia consensuada existe, que es bastante más común de lo que el rumor admite, y que practicada con honestidad no condena a una pareja al fracaso. La ciencia aquí no da certezas absolutas; da algo más valioso para quien empieza: la tranquilidad de saber que no estás solo ni eres una excepción extraña.

Antifaz: información honesta, comunidad real

Si algo dejan claro los datos es que el ambiente swinger no es ni tan raro ni tan amenazante como el rumor lo pinta. Es una forma más de vivir el deseo y el vínculo, practicada por gente común, que cuando se sostiene sobre comunicación y consentimiento no resulta menos satisfactoria que cualquier otra.

En Antifaz creemos que esa curiosidad merece respuestas con rigor, no titulares. Por eso citamos estudios reales y no inventamos cifras: queremos ser un lugar donde aprender con calma y conocer a personas que ya recorrieron el mismo camino de dudas. Si quieres seguir, da el siguiente paso con nuestra guía para empezar en el ambiente swinger, repasa qué es mito y qué es realidad en mitos y realidades, o resuelve dudas concretas en nuestras preguntas frecuentes. Cuando estén listos, aquí estaremos.

Preguntas frecuentes

¿Qué porcentaje de personas ha practicado no monogamia consensuada?

Alrededor del 21 %. El estudio del Kinsey Institute publicado en el Journal of Sex & Marital Therapy analizó dos muestras nacionales de más de 8,500 personas solteras en Estados Unidos y encontró 21.9 % en una y 21.2 % en la otra (Haupert et al., 2017). Es una prevalencia a lo largo de la vida, no una fotografía de cuánta gente lo practica hoy.

¿Cuánta gente practica el poliamor?

Una de cada nueve personas solteras (10.7 %) ha practicado poliamor en algún momento y una de cada seis (16.8 %) desearía hacerlo, según un estudio con 3,438 adultos solteros publicado en Frontiers in Psychology (Moors et al., 2021). El deseo va sistemáticamente por delante de la práctica.

¿Las parejas abiertas son menos felices que las monógamas?

No, según la evidencia disponible. El metaanálisis más amplio hasta la fecha reunió 35 estudios y 24,489 participantes y encontró efectos nulos: monógamos y no monógamos consensuados reportan niveles equivalentes de satisfacción con la relación y satisfacción sexual (Anderson et al., 2025). La revisión de Conley y su equipo ya apuntaba lo mismo (Conley et al., 2017).

¿Hay un perfil típico de persona swinger?

No. En el estudio del Kinsey Institute, las tasas de haber vivido una relación de no monogamia consensuada eran prácticamente iguales entre grupos de edad, raza, afiliación política, religión, nivel educativo e ingresos (Haupert et al., 2017). Es un fenómeno transversal a la población, no el rasgo de un grupo concreto.

¿Abrir la relación genera más celos?

La evidencia sugiere lo contrario: las personas en relaciones consensualmente no monógamas reportan en promedio niveles de celos más bajos y mayor confianza que las monógamas (Conley et al., 2017). No significa que los celos desaparezcan, sino que un contexto donde todo se habla y se revisa tiende a gestionarlos mejor que el silencio.

¿Existen estadísticas del ambiente swinger en México?

No con la misma calidad. La gran mayoría de los estudios serios sobre no monogamia consensuada se han hecho en Estados Unidos, y no existe todavía investigación equivalente para México o Latinoamérica. Las cifras sirven como brújula, no como mapa exacto: la cultura, la religión y la discreción pesan distinto aquí y es probable que la práctica sea más reservada.

¿Se puede confiar en encuestas sobre sexualidad?

Con matices. Medir la sexualidad es difícil porque la gente no siempre cuenta la verdad en una encuesta sobre un tema con estigma, y los porcentajes pueden quedar incluso por debajo de la realidad. Por eso conviene hablar de órdenes de magnitud —"una de cada cinco", "un tercio"— y no de decimales que aparenten una precisión que el tema no permite.

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